miércoles, 17 de agosto de 2011

LOS BANCOS CONTRA EL TRABAJO CREADOR DE RIQUEZA

por Ruiz Pereyra Faget


“La misión de los bancos es facilitar los negocios. Todo lo que facilita los negocios. facilita también la especulación. Los negocios y la especulación van, en muchos casos, tan íntimamente unidos, que resulta difícil decir dónde acaban los negocios y dónde empieza la especulación”(James W. Gilbart, The history and principles of banking”, London, 1834 – Citado por Marx en “El Capital”, T. III, Cap. XXV).

El título puede dar lugar a críticas porque en verdad, sin el crédito, imprescindible para la inversión y el consumo, no hay desarrollo económico. Sin embargo, hay un momento y la historia lo testifica, en que surge una contradicción entre ambos términos, es decir, entre las finanzas y la economía real. ¿En qué circunstancias surge esta contradicción?

El ciclo capitalista tiene dos fases –por lo tanto el crecimiento no es sostenible en el mediano plazo-, la primera es de auge hasta que llega el “recalentamiento” por la ocupación plena y el aumento de los salarios porque escasea la mano de obra; sigue el aumento de los precios porque los empresarios quieren recuperar el margen de ganancia que reduce el aumento de los salarios (David Ricardo explicó esta situación, en 1817). En este punto, y para frenar la carrera entre precios y salarios, los bancos centrales elevan la tasa de interés para contraer el crédito, el consumo se reduce arrastrando al comercio y a la producción, comenzando los despidos de trabajadores. Al quedar afectada la cadena producción-comercio y consumo- los bancos tienen problemas para cobrar sus créditos y mantener el movimiento de los depósitos que son los ahorros de los particulares y el capital de reserva de las empresas. Entonces, el Estado interviene para salvar a los bancos en dificultades, estatizando las carteras incobrables y convirtiendo a éstas en deuda pública, financiada con préstamos externos o emitiendo bonos del tesoro que, en ambos casos, pagan los contribuyentes. Esta es la fase recesiva del ciclo económico. Los bancos en facilitadores del crédito en la primera fase, se convierten en brutales cancerberos y expropiadores de la riqueza ajena, cuando productores-comerciantes y consumidores se han quedado sin dinero.

La crisis financiera y económica actual en los países capitalistas desarrollados, no es cíclica como la que hemos descripto. Es estructural por el desequilibrio creado durante un siglo entre la estructura financiera y la estructura productiva. El gigantismo del sector financiero tiene sus propias leyes que chocan con la ley fundamental de la producción que es la plusvalía generada por el trabajo obrtero en la esfera de la producción.

El dinero, como medio de circulación y de pago ya se conocía en la antigua Grecia y Roma y era una herramienta de los comerciantes.

El comercio del dinero –diferenciado del comercio de mercancías- comenzó en la Baja Edad Media, en las ciudades italianas, cuando se reabrió el comercio con Oriente, después de las Cruzadas, y el Descubrimiento de América, a finales del siglo XV. En este proceso, los mercaderes judíos fueron protagonistas fundamentales.

William Shakespeare, un fino observador de la historia, inmortalizó esta nueva categoría económica, que es un cambio económico cualitativo del capitalismo, en su obra “El Mercader de Venecia”, puesta en escena en el 1600. Allí aparecen representadas las dos esferas: Antonio es el comerciante de mercancías y Shylock, el comerciante de dinero. A los efectos de este artículo no me interesan los otros aspectos muy ricos de la obra sino destacar el poder del banquero y el conflicto que surge con el mercader, a raíz de los rumores de que éste ha perdido sus barcos y no podrá saldar su deuda.

El proceso de la producción y la venta de las mercancías, recorre un circuito en el tiempo hasta el retorno del dinero a su punto de partida. Durante ese período el crédito bancario cumple el papel de mediador. Con la acumulación capitalista y las rentas inmobiliarias, una parte del dinero se acumula en los bancos, convirtiendo a éstos en “cajeros”.

En la medida en que se intensifica la actividad comercial y productiva, se fortalece y se desarrolla la actividad bancaria, de acuerdo al principio de la división del trabajo. Los bancos estimulan el comercio ultramarino, descontando letras de cambio que son promesas de pago emitidas por el importador y que deberá pagar al llegar el embarque. En ese lapso el banco anticipa el dinero al exportador descontando un porcentaje del total y, mediante el endoso, el documento circula como medio de pago –sin necesidad de convertirse en dinero-alcanzando volúmenes enormes. Es un dinero escritural que no está sometido a la regla que establece una relación obligatoria con el oro. La letra de cambio, documento comercial, es la base del crédito y del billete de banco. No tiene pues, una base material. Si por alguna razón el oro se contrae –salida abrupta de oro- esa montaña de papeles puede, en gran parte, desaparecerr. Es imposible saber si responden a compras y ventas reales o a transaccionesficticias. Es dinero ficticio en su mayor parte y permite a los bancos formar y acumular un “capital ficticio” . “En las épocas en que el dinero es abundante y barato. sabemos que estas operaciones adquieren un volumen enorme” (pp. 43, 44). J. W. Bosanquet, (Karl Marx, “El Capital”,Tomo III, Cap. XXV).

Continúa Marx: “Conjuntamente con este comercio de dinero se desarrolla el otro aspecto del sistema de crédito: la administración del capital a interés o del capital–dinero, como una función especial de los banqueros. El prestar y tomar en préstamo dinero se convierte en un negocio especifico suyo. Aparece ahora como intermediario entre el verdadero prestamista y el prestatario de capital dinero. En términos generales, el negocio bancario consiste, desde este punto devista, en concentrar en sus manos, en grandes masas, el capital–dinero prestable, por donde en vez del prestamista individual es el banquero el que aparece como representante de todos los prestamistas de dinero frente a los capitalistas individuales y comerciales. Por otra parte, concentran a los prestatarios frente a todos los prestamistas, puesto que toman dinero a préstamo para todo el mundo comercial. Un banco representa, de una parte, la centralización del capital–dinero, de los prestamistas, y de otra parte la centralización delos prestatarios. Su ganancia consiste, en general, en recibir a préstamo a un tipo de interés más bajo del que concede a sus clientes”.

Los bancos disponen para prestar, en primer lugar, del fondo de reserva de los industriales y comerciantes a los que se agregan los depósitos de pequeños ahorristas que, juntos, forman una masa inmensa de dinero disponible para prestar.

La baratura del capital fomenta la especulación, hasta tal punto que el negocio bancario y la especulación se confunden.

El obtener anticipos se convierte en una fiebre y según Marx explica la gran crisis de Inglaterra de 1846.

Escribe al respecto: “A fines de 1842 empezó a ceder la presión que desde 1837 venía pesando casi ininterrumpidamente sobre la industria inglesa. En los dos años siguientes se acentuó todavía más la demanda de productos industriales ingleses por parte del extranjero: los años de 1845-46 señalan el apogeo de la prosperidad. En 1843, la guerra del opio abrió al comercio inglés el mercado de China. El nuevo mercado brindaba una nueva coyuntura para la expansión que se hallaba ya en pleno auge, sobre todo la de la industria algodonera”. “Jamás podríamos llegar a producir con exceso, teniendo 300 millones de hombres quevestir”, decía al autor de estas líneas, por aquellos días, un fabricante de Manchester. Pero todos los edificios fabriles de nueva planta, todas las máquinas de vapor y de hilado, todoslos telares, eran insuficientes para absorber la masa de plusvalía que afluía de Lancashire. Con la misma pasión con que se ampliaba la producción se acometió la construcción de nuevos ferrocarriles, y fue en este campo, a partir del verano de 1844, donde empezó a aplacarse el ansia de especulación de industriales y comerciantes. La gente suscribía todas las acciones que podía, es decir, suscribía acciones hasta donde llegaba el dinero para cubrir los primeros pagos a cuenta: ¡luego ya se vería! Al presentarse el vencimiento de los siguientes pagos –según el apartado 1059 de

Commercial Distress

, 1848-57, el capital invertido en ferrocarriles en los años de 1846-47 ascendía a unos 75 millones de libras esterlinas, se hacía necesario recurrir al crédito y quebrantar además los verdaderos negocios de la empresa. Por lo demás, estos negocios, en la mayoría de los casos, se hallaban ya de suyo recargados. Las ganancias, tentadoramente altas, habían arrastrado a la gente a operacionesmucho más extensas de lo que justificaban los recursos disponibles. Pero para eso existía el crédito, fácilmente asequible y además barato. El tipo de descuento bancario era bajo: en1844, de 1 3/4 a 2 3/4 %; en 1845, hasta octubre, menos del 3%, para subir luego, durante poco tiempo, hasta el 5% (febrero de 1846) y bajar de nuevo, en diciembre de 1846, hasta el 3 1/4. El Banco tenía en sus sótanos unas reservas oro de un volumen inaudito. Los valores bursátiles interiores alcanzaban limites jamás conocidos. ¿Cómo, pues, iba a desaprovecharse tan hermosa oportunidad de navegar a velas desplegadas? ¿Cómo no se iban a lanzar a los mercados extranjeros, hambrientos de productos ingleses, todas las mercancías que podían fabricarse? ¿Y por qué

el fabricante no se iba a embolsar la doble ganancia obtenida

,

de una parte, con la venta de los hilados y los tejidos en el Extremo Oriente y, de otra parte, con la venta en Inglaterra de las mercancías con que a su retorno venían cargados

los barcos? Se desarrolló así el sistema de las consignaciones masivas

de mercancías a la India y aChina mediante anticipos, que no tardó en convertirse en un sistema de consignaciones simplemente para conseguir anticipos, como, sistema que forzosamente habla de conducir al abarrotamiento en masa de los mercados y a la quiebra.

El crack

se produjo en 1846, a consecuencia de la mala cosecha de este año. Inglaterra y sobre todo Irlanda necesitaron importar enormes cantidades de víveres, especialmente trigo y patatas. A los países exportadores sólo era posible pagarles en una proporción muy pequeña en productos industriales; fue necesario exportar metales preciosos para atender a estos pagos; salieron así al extranjero 9 millones en oro, por lo menos. De esta suma, 71/2

millones salieron de las reservas del Banco de Inglaterra, con lo cual se asestó un duro golpe a su libertad de movimiento en el mercado de dinero; los demás bancos, cuyas reservas se hallan atesoradas en el Banco de Inglaterra y coinciden en realidad con las reservas de este banco, hubieron de restringir también sus concesiones de crédito; la corriente de los pagos, que hasta entonces fluía rápidamente y sin dificultades, empezó a paralizarse, primero aquí y allá y luego con carácter general”.

Las Bolsas de Valores

Una función similar cumplen las bolsas de valores. Así como los bancos crean capital ficticio por el mecanismo de compraventas de las letras de cambio, las bolsas lo logran con la compraventa de acciones de las empresas y bonos del tesoro de los gobiernos. Es el crédito, como anticipo de ganancias futuras en el sector económico real y, cuando se trata de bonos, confianza en el gobierno que los emite de que saldará la deuda en el momento de su vencimiento, lo que moviliza el dinero excedente acumulado. Como en la bolsa estos papeles se compran y se venden, de acuerdo a la ley de la oferta y la demanda, la euforia por ganancias futuras, hace subir el valor de los papeles accionarios que se divorcian del valor real de su base material, la producción de mercancías.

Formas rudimentarias de bolsas de valores ya existían en Roma (formada por los Publicanos), pero su versión moderna habría surgido en Venecia, en la Baja Edad Media, incluyendo la circulación de bonos del gobierno, en busca de recursos para financiar las guerras.

Con la decadencia de las ciudades italianas en los albores de la Época Moderna y el traslado de la actividad comercial al Océano Atlántico, surge la Bolsa de Amsterdam, en 1602 a la que sigue el Banco, en 1609. Los negocios bursátiles y bancarios se extienden a Inglaterra, cuando, a consecuencia, de la “Revolución Gloriosa”, asume la corona inglesa, en 1689, el holandés Guillermo de Orange, dispuesto a dar un gran impulso al comercio y a la política colonial inglesa. En 1693, el nuevo monarca crea la Bolsa de Londres y el año siguiente, el Banco de Inglaterra.

La historia económica, en gran medida, es la historia de las hambrunas, de las guerras perdidas, de las revoluciones anticolonialistas y de las quiebras bancarias y bursátiles. En la época del capitalismo, como modo de producción dominante, su propia ley fundamental de desarrollo, conduce a la saturación de los mercados y a la cadena de insolvencia que afecta toda la cadena comercial, productiva y bancaria.

Las operaciones financieras en el mundo de hoy son altamente sofisticadas pero la globalización y la tecnología electrónica las han vuelto más sensibles a los vaivenes de la economía real y a los problemas políticos. A ello se suma la apertura de los países a los movimientos de capitales especulativos con divisas que son capaces de hundir una moneda como la libra esterlina, en 1992, y el ringgit de Malasia, en 1997.

La crisis actual ha sido generada porque el mercado de consumo de Estados Unidos, inundado por dólares a muy bajo costo, durante una década, llevó a la especulación en todos los terrenos, y a niveles que superó el umbral de solvencia de extensas capas sociales. La parálisis inmobiliaria provocó la parálisis de la industria de la construcción, que rápidamente se extendió a otras ramas. A ello se agregó la negativa de la clase alta de pagar, junto con los demás sectores sociales, la deuda del Estado cuyo primer objetivo fue salvar al sistema bancario. Quedó así en descubierto un déficit fiscal gigantesco que, por primera vez en la historia de Estados Unidos, puso en duda la capacidad del Estado de pagar la deuda. La crisis de Estados Unidos, en el 2008, arrastró a la banca europea coincidiendo, también, con el estallido de una gran bur buja inmobiliaria.

Los gobiernos

se endeudaron con el salvataje de los bancos, superando su monto varias veces el producto anual.

No es cierto que esta crisis en los países de capitalismo desarrollado, es diferente a la de 2008. Es su continuación porque en dos años no se recuperó el trabajo ni el consumo y, por lo tanto, es más profunda, porque ahora, en el 2011, los Estados no tienen los recursos de “ultima ratio” –monetarios y fiscales- que contaban en el 2008. Esto si nos atenemos a los intereses económicos y políticos que tiene el sistema. Estados Unidos y Europa siguen una política guerrerista en varias regiones del mundo. El presupuesto militar de Estados Unidos es de 700 mil millones (48% del total mundial) de dólares, una cifra colosal para “tiempos de paz”..Por su parte, el gasto militar de Europa es de 300 mil millones de dólares (20% del total mundial).

En torno a la estructura militar está el complejo industrial que la abastece y que se nutre de los recursos fiscales.

Las obligaciones anuales de Estados Unidos, por concepto de deuda, es de 285 mil millones de dólares, es decir, el 41% del gasto militar.

Pero es obvio que nadie – ni republicanos ni demócratas- le quieren poner “el cascabel al gato”.

Tienen razón los chinos cuando dicen que Estados Unidos debe asumir que ya no es la potencia hegemónica mundial y debe admitir que se están desarrollando en el mundo otras fuerzas de tal modo que la paz como premisa y la cooperación en la resolución de los problemas globales es la única opción que plantea la realidad de hoy y que aportará certidumbre al futuro de la humanidad.

Pero volvamos a nuestro tema, la especulación financiera que es el motor de la especulación en otras ramas de la producción.

La administración del capital bancario y de las divisas no puede estar en manos privadas y menos extranjeras. Las manipulaciones financieras son responsables de grandes catástrofes sociales, la que no ha escapado el Urubguay. Las regulaciones legales han fracasado porque la clase alta cubre sus operaciones delictuosas con diagnósticos y pronósticos falsos, como quedó demostrado en Estados Unidos con las famaosas calificadoras de riesgo. Se dirá que la administración estatal no está exenta de delitos pero hay una diferencia importante: existe el contralor político que es mucho más seguro que el propio contralor privado o de funcionarios estatales a su “servicio”.